De plano inerte a piel arquitectónica
- acevgressaica
- 24 feb
- 1 min de lectura
Actualizado: 25 mar

Las fachadas planas responden, en muchos casos, a procesos constructivos acelerados y a una estandarización excesiva del diseño. Aunque funcionales, estas superficies suelen ser herméticas, poco expresivas y desconectadas del entorno climático y urbano.
El ladrillo, por su naturaleza modular y su capacidad de colocación en múltiples posiciones, permite romper con esa lógica. Al rotarlo, separarlo, retranquearlo o alternar su orientación, la fachada deja de ser un plano y se convierte en una piel arquitectónica viva.
Una piel que:
Filtra la luz natural.
Permite la ventilación cruzada.
Genera sombras cambiantes a lo largo del día.
Aporta profundidad y ritmo visual.
Responde al clima sin recurrir a sistemas mecánicos.




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